Crónicas, historias, relatos y fotografías de un periodista con oficio pero con apenas beneficio.
jueves, 16 de octubre de 2008
El sacerdote 'cazapederastas'
María, apenas 13 años, poco sospechaba que aquel tipo alto, de pelo cano y acento irlandés que se fotografiaba con ella en la barra del burdel donde trabajaba en Iba (Filipinas) era en realidad un sacerdote. Ni mucho menos que a los pocos días volvería de nuevo al local para sacarla de allí por siempre. “Pero ya no estaba. Habían dado el aviso. Al menos, las fotos me sirvieron para demostrar que allí había menores prostituyéndose” , decía Shay Cullen hace unos días en Barcelona antes de recoger el Premio Internacional a la Solidaridad.
Cullen, dos veces nominado al Nobel de la Paz, dirige la Fundación Preda en el país de las 7.107 islas. “Trabajamos con niños abusados por familiares, a críos que han sido violados en la cárcel -piense que hasta hace poco la edad penal en Filipinas era de nueve años- y con niñas captadas por redes de prostitución”, explica con tono y gesto afables. Preda se hace cargo de la recuperación y reinserción de unos 1.000 menores al año. Entre un 80 y un 90% se recuperan totalmente. “En primer lugar hay que crear el entorno para que se sientan a salvo. Luego, hay que hacer que hablen, hablen y hablen. Sólo es cuestión de eso, de que cuenten lo ocurrido, de que golpeen el suelo de rabia, de que lloren. Sé que suena extraño; pero me alegro cuando lloran. Quiere decir que se desahogan, que se recuperan”, dice.
Pero ¿por qué hay tanta prostitución infantil en el sudeste asiático?. Cullen, responde. “No crea, Latinoamérica es otro de los destinos preferidos de los pederastas”, dice. “Y sobre todo para los pederastas españoles”, continua. “El idioma, la laxitud de los policías y un cambio de moneda favorable hacen que los pedófilos españoles se prodiguen cada vez más en países como Nicaragua y El Salvador”, concluye. Sobre las causas concretas de que esta práctica infame sea norma, o casi, en Filipinas, puede decirse que se concentran en una: pobreza extrema. “El 70% de las riquezas de Filipinas se encuentran en las manos del 2% de la población. ¡Estamos como estaba España hace siglos! Hay hambre y en ese contexto los niños terminan en las calles y caen en estas redes de pedofilia”, explica el sacerdote.
Amenazas de muerte
Todos en Filipinas están implicados en la prostitución infantil. “El Gobierno por dar las licencias de los locales, los propietarios por alquilarlos, los inversores europeos y estadounidenses por financiarlos y la policía porque los proxenetas siempre saben cuando va a ser la redada y, entonces, sólo quedan las prostitutas mayores en el local”. Así, no es extraño que en los más 30 años que lleva en Filipinas, Cullen haya recibido tres amenazas de muerte y le hayan llevado 52 veces a los tribunales por difamación. “Pero no han podido conmigo, ellos no tienen pruebas y yo tengo la verdad”.
La historia de Mary Anne
Con todo, entre las muchas historias que acumula Cullen en su memoria hay también sitio para los finales felices. El de Mary Anne Salo de 18 años, hija de un australiano y una filipina, es uno de ellos. El padre de Mary Anne murió de manera trágica. Tiempo después su madre formó pareja con otro hombre que la arrastró al alcohol y las drogas. La madre de Mary Anne vendió la casa y se fue, nadie sabe donde, con su pareja dejando a Mary Anne, que entonces contaba con 12 años, sola en Angeles City. “La cría terminó en las calles y finalmente en un club, el G Club, regentado por un ex marine de los EE UU que se hacía llamar Big Daddy... Esta gente crea una especie de falsa familia alrededor de los menores para terminar de lavarles el cerebro y crear un mayor desarraigo de allá de donde vengan”, explica Cullen.
Preda pudo hacerse cargo de la chica y hoy Mary Anne está a punto de cursar su primer año de universidad. “Quieres ser educadora social”, apunta Cullen. Además, es una de las actrices principales de una compañía de teatro local con la que ya ha pisado Europa de gira. “Y no sólo eso. Es consciente del problema de la pedofilia, así que no se avergüenza de su historia y no repara en contarla si con eso puede ayudar a luchar contra esta práctica. De hecho, realizó un discurso narrando su experiencia ante una delegación de UNICEF en Canadá” cuenta con orgullo el sacerdote. Y todo con tan sólo 18 años.
(En http://www.adn.es/pdf/ADN-2008-10-14-BCN.pdf)
Cullen, dos veces nominado al Nobel de la Paz, dirige la Fundación Preda en el país de las 7.107 islas. “Trabajamos con niños abusados por familiares, a críos que han sido violados en la cárcel -piense que hasta hace poco la edad penal en Filipinas era de nueve años- y con niñas captadas por redes de prostitución”, explica con tono y gesto afables. Preda se hace cargo de la recuperación y reinserción de unos 1.000 menores al año. Entre un 80 y un 90% se recuperan totalmente. “En primer lugar hay que crear el entorno para que se sientan a salvo. Luego, hay que hacer que hablen, hablen y hablen. Sólo es cuestión de eso, de que cuenten lo ocurrido, de que golpeen el suelo de rabia, de que lloren. Sé que suena extraño; pero me alegro cuando lloran. Quiere decir que se desahogan, que se recuperan”, dice.
Pero ¿por qué hay tanta prostitución infantil en el sudeste asiático?. Cullen, responde. “No crea, Latinoamérica es otro de los destinos preferidos de los pederastas”, dice. “Y sobre todo para los pederastas españoles”, continua. “El idioma, la laxitud de los policías y un cambio de moneda favorable hacen que los pedófilos españoles se prodiguen cada vez más en países como Nicaragua y El Salvador”, concluye. Sobre las causas concretas de que esta práctica infame sea norma, o casi, en Filipinas, puede decirse que se concentran en una: pobreza extrema. “El 70% de las riquezas de Filipinas se encuentran en las manos del 2% de la población. ¡Estamos como estaba España hace siglos! Hay hambre y en ese contexto los niños terminan en las calles y caen en estas redes de pedofilia”, explica el sacerdote.
Amenazas de muerte
Todos en Filipinas están implicados en la prostitución infantil. “El Gobierno por dar las licencias de los locales, los propietarios por alquilarlos, los inversores europeos y estadounidenses por financiarlos y la policía porque los proxenetas siempre saben cuando va a ser la redada y, entonces, sólo quedan las prostitutas mayores en el local”. Así, no es extraño que en los más 30 años que lleva en Filipinas, Cullen haya recibido tres amenazas de muerte y le hayan llevado 52 veces a los tribunales por difamación. “Pero no han podido conmigo, ellos no tienen pruebas y yo tengo la verdad”.
La historia de Mary Anne
Con todo, entre las muchas historias que acumula Cullen en su memoria hay también sitio para los finales felices. El de Mary Anne Salo de 18 años, hija de un australiano y una filipina, es uno de ellos. El padre de Mary Anne murió de manera trágica. Tiempo después su madre formó pareja con otro hombre que la arrastró al alcohol y las drogas. La madre de Mary Anne vendió la casa y se fue, nadie sabe donde, con su pareja dejando a Mary Anne, que entonces contaba con 12 años, sola en Angeles City. “La cría terminó en las calles y finalmente en un club, el G Club, regentado por un ex marine de los EE UU que se hacía llamar Big Daddy... Esta gente crea una especie de falsa familia alrededor de los menores para terminar de lavarles el cerebro y crear un mayor desarraigo de allá de donde vengan”, explica Cullen.
Preda pudo hacerse cargo de la chica y hoy Mary Anne está a punto de cursar su primer año de universidad. “Quieres ser educadora social”, apunta Cullen. Además, es una de las actrices principales de una compañía de teatro local con la que ya ha pisado Europa de gira. “Y no sólo eso. Es consciente del problema de la pedofilia, así que no se avergüenza de su historia y no repara en contarla si con eso puede ayudar a luchar contra esta práctica. De hecho, realizó un discurso narrando su experiencia ante una delegación de UNICEF en Canadá” cuenta con orgullo el sacerdote. Y todo con tan sólo 18 años.
(En http://www.adn.es/pdf/ADN-2008-10-14-BCN.pdf)
lunes, 22 de septiembre de 2008
Robert Capa

Jamás debe dudarse de un tipo que desembarcó en Normandía escudado solamente con una vieja Leica.
Disparando a la verdad
Ángel Casaña (El Mundo)
Ángel Casaña (El Mundo)
La manipulación fotográfica es anterior al advenimiento de lo digital. Aunque el pixel ha contribuido a facilitar la falsificación y hacerla común en algunos ámbitos, particularmente en la prensa de color y de moda, en periodismo gráfico es rechazada unánimemente. De hecho, en prensa diaria la manipulación con Photoshop es más mito que realidad.
Una de las grandes leyendas señalaba a la famosa imagen del soldado republicano abatido por una bala como manipulación. La imagen tomada por Robert Capa el 5 de septiembre de 1936, es una de las fotografías de guerra más publicadas en todo el mundo.
Según los escépticos, la caída limpia del miliciano, que en una investigación reciente fue identificado como Federico Borrell García, de 24 años, hacía sospechar que el disparo tenía trampa. El pie de foto no ayudó a despejar dudas. Capa había enviado el carrete sin revelar ni identificar y en París acabaron de liar una madeja de confusión.
Quienes defendieron la veracidad de la imagen, ahora se han visto secundados por una investigación que demuestra que la imagen es real. Esta teoría indicaba lo absurdo que sería que Robert Capa, el gran reportero de guerra, hubiera manipulado una situación, cuando contaba con fotos mucho mejores que esa. Ocurre que el famoso icono tantas veces utilizado para simbolizar la Guerra Civil española se hizo famoso por circunstancias diversas.
Según publicó 'The Sunday Times', el Barbican Centre de Londres exhibirá 40 fotografías tomadas el mismo día que muestran la secuencia de los hechos. Capa y su novia, Gerda Taro, se encontraban fotografiando a un grupo de milicianos republicanos. Mientras bajaban por una pendiente, una ametralladora apostada enfrente comenzó a disparar y acabó con la vida de Borrell.
Una de las imágenes muestra al soldado en una imagen posterior, así como a uno de sus compañeros heridos. La escena tiene lugar en Cerro Muriano, Córdoba. De hecho, existe controversia incluso por la presencia o no del gran fotógrafo en este enclave. Mientras el periodista Phillip Knightley, autor del libro 'The First Casualty' [La primera víctima], indicaba la presencia de Capa aquel día en Hendaya, su biógrafo Richard Whelan le situaba en este punto de Andalucía.
Robert Capa, que era acusado de simpatía con la causa republicana, murió en Vietnam en 1954 al pisar una mina mientras cubría la guerra de Indochina.
viernes, 19 de septiembre de 2008
martes, 16 de septiembre de 2008
Alberto Montt
Alberto Montt es un ilustrador-humorista chileno. Las viñetas, extraídas de http://www.dosisdiarias.com/, no tienen desperdicio. Sobran las palabras, ahí les dejo las imágenes.




lunes, 15 de septiembre de 2008
El dorso de la mano
Me topé con ellos hace unas semanas en una terraza de Las Negras, junto al Mediterráneo, en Almería. Tendrían unos 65. Alto, de peno cano y una leve cojera, uno; bajito, flaco, calvo y resuelto, el otro. El más alto bebía vino rosado, frío. El otro una cerveza sin alcohol; pero fumaba un pitillo tras otro. A ciertas edades, pensé, hay que optar por un vicio u otro si se quiere llegar a viejo.
Hablaban de manera pausada. Fijando la vista entre frase y frase en algún punto del mar oscuro que teníamos delante. Se sonreían con miradas cómplices, unas veces, y con sorna, otras. Hacían ademán de tocarse el brazo, la mano, pero nunca llegaba a producirse contacto alguno.
Imaginé sus personalidades. Posesivo, celoso, a menudo malhumorado y tremendamente trágico, el más bajo. Tranquilo, paciente y con alguna infidelidad a sus espaldas, el otro. No sé por qué, pero los imaginé viviendo en Barcelona hace 30 o 40 años. El Paralelo, El Molino y aquel barrio canalla que fue El Raval, antes El Chino. Y también imaginé cuántas veces les habrían partido la cara. Cuántos insultos y vejaciones habrían tenido que engullir. También cuanto miedo en un país donde hace años podrían detenerte sólo por tu aspecto echando mano de la Ley de vagos y maleantes, creo que así se llamaba.
Al menos están ahí, disfrutando del vino, del pescado y del mar, me dije. Al menos se les ve felices. Y esbocé una sonrisa agridulce. Pero siguen sin atreverse a acariciarse el dorso de la mano, concluí.
Hablaban de manera pausada. Fijando la vista entre frase y frase en algún punto del mar oscuro que teníamos delante. Se sonreían con miradas cómplices, unas veces, y con sorna, otras. Hacían ademán de tocarse el brazo, la mano, pero nunca llegaba a producirse contacto alguno.
Imaginé sus personalidades. Posesivo, celoso, a menudo malhumorado y tremendamente trágico, el más bajo. Tranquilo, paciente y con alguna infidelidad a sus espaldas, el otro. No sé por qué, pero los imaginé viviendo en Barcelona hace 30 o 40 años. El Paralelo, El Molino y aquel barrio canalla que fue El Raval, antes El Chino. Y también imaginé cuántas veces les habrían partido la cara. Cuántos insultos y vejaciones habrían tenido que engullir. También cuanto miedo en un país donde hace años podrían detenerte sólo por tu aspecto echando mano de la Ley de vagos y maleantes, creo que así se llamaba.
Al menos están ahí, disfrutando del vino, del pescado y del mar, me dije. Al menos se les ve felices. Y esbocé una sonrisa agridulce. Pero siguen sin atreverse a acariciarse el dorso de la mano, concluí.
martes, 2 de septiembre de 2008
Citas (literarias) de septiembre
(Los autores, los ahorro. Supongo que ustedes ya los conocerán.)
"Nos enseñó una botella que llevaba en el bolsillo: Venetiène se llamaba, si no recuerdo mal. El remedio de los marineros para las purgaciones".
"Por eso te amo cuando no te amo y por eso te amo cuando te amo."
"Sus gustos eran simples: comida, bebida, mujeres y libros."
"Tal vez no ser, es ser sin que tu seas."
"Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo".
"Todo dejó de ser menos tus ojos."
"Todo consiste en morir, Dios mediante, cuando uno quiera y no cuando Él lo disponga".
"Y la noche cerró su celeste cerrojo."
"Me moriré besando tu loca boca fría
abrazando el racimo perdido de tu cuerpo
y buscando la luz de tus ojos cerrados"
"Yo la quise, y a veces ella también me quiso."
"Puede que estemos condenados, que no haya esperanza para nosotros, para ninguno de nosotros, pero, si es así, ¡lancemos un último alarido agónico, espeluznante, un chillido de desafío, de grito de guerra!"
"Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido."
"¿Has oído alguna vez el quejido de un muerto? -me preguntó a mí.
-No, doña Eduviges.
-Más te vale".
"Y el verso cae al alma como al pasto el rocío."
"La noche en que Gildardo Tuberquia conjuró a los espíritus que yacían cansados en el monte más alto de Colima para que Matilde Arcángel Valencia le concediera su amor eterno, él ya sabía que lo iban a matar".
"Nos enseñó una botella que llevaba en el bolsillo: Venetiène se llamaba, si no recuerdo mal. El remedio de los marineros para las purgaciones".
"Por eso te amo cuando no te amo y por eso te amo cuando te amo."
"Sus gustos eran simples: comida, bebida, mujeres y libros."
"Tal vez no ser, es ser sin que tu seas."
"Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo".
"Todo dejó de ser menos tus ojos."
"Todo consiste en morir, Dios mediante, cuando uno quiera y no cuando Él lo disponga".
"Y la noche cerró su celeste cerrojo."
"Me moriré besando tu loca boca fría
abrazando el racimo perdido de tu cuerpo
y buscando la luz de tus ojos cerrados"
"Yo la quise, y a veces ella también me quiso."
"Puede que estemos condenados, que no haya esperanza para nosotros, para ninguno de nosotros, pero, si es así, ¡lancemos un último alarido agónico, espeluznante, un chillido de desafío, de grito de guerra!"
"Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido."
"¿Has oído alguna vez el quejido de un muerto? -me preguntó a mí.
-No, doña Eduviges.
-Más te vale".
"Y el verso cae al alma como al pasto el rocío."
"La noche en que Gildardo Tuberquia conjuró a los espíritus que yacían cansados en el monte más alto de Colima para que Matilde Arcángel Valencia le concediera su amor eterno, él ya sabía que lo iban a matar".
Neruda, soneto LXXXIX
Cuando yo muera quiero tus manos en mis ojos:
quiero la luz y el trigo de tus manos amadas
pasar una vez más sobre mí su frescura:
sentir la suavidad que cambió mi destino.
Quiero que vivas mientras yo, dormido, te espero,
quiero que tus oídos sigan oyendo el viento,
que huelas el aroma del mar que amamos juntos
y que sigas pisando la arena que pisamos.
Quiero que lo que amo siga vivo y a ti te amé
y canté sobre todas las cosas,
por eso sigue tú floreciendo, florida,
para que alcances todo lo que mi amor te ordena,
para que se pasee mi sombra por tu pelo,
para que así conozcan la razón de mi canto.
quiero la luz y el trigo de tus manos amadas
pasar una vez más sobre mí su frescura:
sentir la suavidad que cambió mi destino.
Quiero que vivas mientras yo, dormido, te espero,
quiero que tus oídos sigan oyendo el viento,
que huelas el aroma del mar que amamos juntos
y que sigas pisando la arena que pisamos.
Quiero que lo que amo siga vivo y a ti te amé
y canté sobre todas las cosas,
por eso sigue tú floreciendo, florida,
para que alcances todo lo que mi amor te ordena,
para que se pasee mi sombra por tu pelo,
para que así conozcan la razón de mi canto.
miércoles, 27 de agosto de 2008
El paso fronterizo de Beni Enzar
Sábado 16 agosto, 11 A.M., frontera de Beni Enzar, entre Melilla y Nador (Marruecos). Les pongo en contexto: un sol de justicia, los tripulantes de uno de los ferrys de la Operación Paso del Estrecho recién llegados a la aduana y el recuerdo de la noche anterior como mosca detrás de la oreja: avalancha desde el monte Gurugú de un centenar de subsaharianos hambrientos y cansados deseando entrar en Europa.
-Soy periodista... journalist. Reporter... Le digo en un francés nefasto al policía de la garita aduanera, ya en el lado marroquí.
- Periodista, masculla en un español peor que mi francés. Periodista, añade, uhm, uhm...
El fulano agarra mi pasaporte, se incorpora y se va a hablar con alguien a quien no logro ver desde la minúscula ventanilla a través de la cual el agente me pasa revista. Se demora. Demasiado, joder, pienso. Siempre lo mismo: esas patillas, esas gafas de narco... El tipo tarda y el sol aprieta. De pronto, escucho detrás, en la cola: "pero qué pasa con ese, nen, qué pasa... que es japonés o qué???". Españoles, pienso, uhm, uhm...
El policía regresa con semblante serio, pensativo y murmurando qué se yo para sí. Me viene a la cabeza que en un país donde encarcelan a periodistas y embargan a menudo publicaciones podría haber dicho que me dedicaba a otra cosa. Pero no. Mis viejos se dejaron mucha viruta en mis estudios como para ir diciendo que aprieto tuercas en la Seat, por ejemplo. Menos en Israel, donde aseguro siempre en el aeropuerto Ben Gurion, en Tel Aviv, que me dedico a afinar pianos. Como oyen.
-Escriba aquí el nombre del diario para el que escribe, me espeta el policía. Cojo el bolígrafo que me ofrece y escribo en la tarjeta de entrada al país "ADN".
-¿Y esto qué es?, dice poco cordial.
- El nombre de mi diario, le respondo sonriendo y, a esas alturas, con un ápice de sorna en los ojos.
-Eso ya lo veo, apunta, pero qué es lo que significa...
Sonrío de nuevo; pero esta vez les aseguro que algo incómodo. Ni yo mismo lo tengo del todo claro. Verá, le digo, tiene algo que ver con nuestro código genético... el código genético único de cada ser humano... continúo sin creerme demasiado mis palabras. Compruebo que el tipo me mira con el ceño fruncido intentando encontrar el significado de las palabras código y genético en su cabeza. Ya sabe, continúo sin ningún tipo de esperanzas, todo está conectado... everything's connected... y sonrío de nuevo.
El fulano enarca una ceja y mira de nuevo al papel con las letras A, D y N escritas, que sujeta con el índice y pulgar de su mano derecha. Lo mira fijamente, tuerce el gesto, suspira, y me mira de nuevo con intención de levantarse. ¿Sabe qué?, me adelanto, olvídelo, en realidad trabajo en la Seat.
-Soy periodista... journalist. Reporter... Le digo en un francés nefasto al policía de la garita aduanera, ya en el lado marroquí.
- Periodista, masculla en un español peor que mi francés. Periodista, añade, uhm, uhm...
El fulano agarra mi pasaporte, se incorpora y se va a hablar con alguien a quien no logro ver desde la minúscula ventanilla a través de la cual el agente me pasa revista. Se demora. Demasiado, joder, pienso. Siempre lo mismo: esas patillas, esas gafas de narco... El tipo tarda y el sol aprieta. De pronto, escucho detrás, en la cola: "pero qué pasa con ese, nen, qué pasa... que es japonés o qué???". Españoles, pienso, uhm, uhm...
El policía regresa con semblante serio, pensativo y murmurando qué se yo para sí. Me viene a la cabeza que en un país donde encarcelan a periodistas y embargan a menudo publicaciones podría haber dicho que me dedicaba a otra cosa. Pero no. Mis viejos se dejaron mucha viruta en mis estudios como para ir diciendo que aprieto tuercas en la Seat, por ejemplo. Menos en Israel, donde aseguro siempre en el aeropuerto Ben Gurion, en Tel Aviv, que me dedico a afinar pianos. Como oyen.
-Escriba aquí el nombre del diario para el que escribe, me espeta el policía. Cojo el bolígrafo que me ofrece y escribo en la tarjeta de entrada al país "ADN".
-¿Y esto qué es?, dice poco cordial.
- El nombre de mi diario, le respondo sonriendo y, a esas alturas, con un ápice de sorna en los ojos.
-Eso ya lo veo, apunta, pero qué es lo que significa...
Sonrío de nuevo; pero esta vez les aseguro que algo incómodo. Ni yo mismo lo tengo del todo claro. Verá, le digo, tiene algo que ver con nuestro código genético... el código genético único de cada ser humano... continúo sin creerme demasiado mis palabras. Compruebo que el tipo me mira con el ceño fruncido intentando encontrar el significado de las palabras código y genético en su cabeza. Ya sabe, continúo sin ningún tipo de esperanzas, todo está conectado... everything's connected... y sonrío de nuevo.
El fulano enarca una ceja y mira de nuevo al papel con las letras A, D y N escritas, que sujeta con el índice y pulgar de su mano derecha. Lo mira fijamente, tuerce el gesto, suspira, y me mira de nuevo con intención de levantarse. ¿Sabe qué?, me adelanto, olvídelo, en realidad trabajo en la Seat.
lunes, 25 de agosto de 2008
Melilla y el águila
Si mis datos son correctos, Melilla es la única ciudad española que conserva monumentos erigidos en la dictadura franquista y que se refieren explícitamente a ésta. En concreto dos. Uno de ellos es una estatuta del general Franco, junto al puesto de inspección fronteriza del puerto melillense (les confesaré que me pasó completamente inadvertida cuando llegué hace unos días, aquel cabrón tampoco era muy alto).
El otro es el de la imagen, en pleno centro de la ciudad, la Plaza de los Héroes se llama. Imaginen. Me comentan que varias oenegés y un sinfín de asociaciones han pedido al gobierno de la ciudad autónoma que retire ambos monumentos. Pero ahí siguen. "Ya sabe usted como son los políticos", me dice el botones del hotel donde me alojo. No en vano, pienso por pensar en algo sin demasiada enjundia, fue aquí, en Melilla, donde aquel tipejo se hizo fuerte y fraguó, en parte, el golpe de estado a la República.
jueves, 24 de julio de 2008
Cerrojazo

La idea llevaba semanas rondando mi cabeza y hoy lo he decidido: paralizo esta bitácora. No sé si será temporal o terminaré por dar el cerrojazo definitivo en un tiempo. Además del diario para el que escribo, ando metido en unas cuantas historias más que me roban tiempo, esfuerzo y ganas de darle a la tecla. Y qué quieren que les diga, con 30 años tampoco hay tanto que contar, a menos que a uno le guste mirarse y volverse a mirar el ombligo. Podría colgar fotos, sí; pero vean, hasta el punto de mira se me ha torcido este último año. Últimamente las que saco me resultan infames.
Así que, señores, hasta pronto, si el sur me da qué hablar, o fue un gusto, si hasta aquí llegamos. Cuídense.
(Fotografía: Jano_a)
Agosto 2007 - agosto 2008
Los balances anuales los realizo en agosto. Durante los últimos años ha sido ese mi mes de vacaciones y cuando he echado la vista atrás para analizar el último periodo profesional. El hecho de que sea en ese la fecha de mi nacimiento hace que ese análisis sea extensivo también a lo personal. ADN nos ha adelantado las vacaciones una semana. Empezamos mañana. Así que por ese y otros motivos, yo también adelanto el balance. Supongo que a nadie le interesará demasiado; pero como esto es un blog y, en su definición, un ejercicio de egocentrismo y exhibicionismo emocional, ahí queda:
Lecciones de profesionalidad y brillantez en Medellín. Viajo como vivo, solo o en pareja. La convulsa relación con la entrañable Chica de Ipanema. No es oro todo lo que reluce en ADN. Reencontrarme con Kapuscinski y el periodismo en Burkina Faso. También ahí, con lo complicado que es fotografiar África, esas gentes, esa maldita luz. Las cenas con mi familia en el Diez (incluida la del 24, tras mi "desaparición"). Nochevieja en Jerusalén rodeado de hermosas hebreas. Trabajar de nuevo con mi carnal Gabriel y plantarnos en un checkpoint israelí a las cinco de la mañana para retratar la maldita vida real. Malabares nocturnos para llegar a fin de mes. La fotografía cayó en el olvido. Bodas de amigos. Partos de amigas. La sospecha con fundamento de que mis viejos no serán jamás abuelos por la parte que me corresponde. Planes de futuro: periodismo y vuelta al mundo en un año y América Latina a pie en otro. Intermón Oxfam. Regresar a los 16 en La Romareda el 12 de octubre. El Tiempo. El maravilloso descubrimiento de Cati y Nati. La residencia de mi abuela. La lejanía de los otros. Corto Maltés y Neruda. Ana y el cosquilleo en el estómago.
Lecciones de profesionalidad y brillantez en Medellín. Viajo como vivo, solo o en pareja. La convulsa relación con la entrañable Chica de Ipanema. No es oro todo lo que reluce en ADN. Reencontrarme con Kapuscinski y el periodismo en Burkina Faso. También ahí, con lo complicado que es fotografiar África, esas gentes, esa maldita luz. Las cenas con mi familia en el Diez (incluida la del 24, tras mi "desaparición"). Nochevieja en Jerusalén rodeado de hermosas hebreas. Trabajar de nuevo con mi carnal Gabriel y plantarnos en un checkpoint israelí a las cinco de la mañana para retratar la maldita vida real. Malabares nocturnos para llegar a fin de mes. La fotografía cayó en el olvido. Bodas de amigos. Partos de amigas. La sospecha con fundamento de que mis viejos no serán jamás abuelos por la parte que me corresponde. Planes de futuro: periodismo y vuelta al mundo en un año y América Latina a pie en otro. Intermón Oxfam. Regresar a los 16 en La Romareda el 12 de octubre. El Tiempo. El maravilloso descubrimiento de Cati y Nati. La residencia de mi abuela. La lejanía de los otros. Corto Maltés y Neruda. Ana y el cosquilleo en el estómago.
miércoles, 23 de julio de 2008
Los muchachos del bus







Les conocí hace unos años y les debía una entrada a este blog. Se la debía porque me brindaron uno de los mejores viajes que he hecho jamás. Son los muchachos de la ONG Conductors Solidaris de Catalunya (CSC), tipos corrientes ( o casi), conductores de autobuses urbanos que montaron hace unos años este tinglado.
Fue en el convoy a Albania, al norte del país balcánico. Ya saben, reparto de ropa, de cuadernos para la escuela, de lápices, de juguetes y de instrumental sanitario en aldeas remotas y encorsetadas entre enormes montañas que se perdían en la niebla.
Embarcamos en Barcelona hasta Civitavecchia, en Roma. Cruzamos Italia sin la documentación de la carga (alguno de ellos la olvidó en la sede de la ONG en Barcelona) hasta llegar a Bari, donde recogimos los albaranes en una oficina perdida de DHL. Bari es hermosa. Al menos su casco antiguo, calles empedradas, recovecos, olor a orégano y pomodoro y ropa blanca colgada en los balcones.
Luego fueron diez días recorriendo pueblecitos en el norte de Albania. Carreteras sin asfaltar, acantilados, barcos oxidados navegando ríos eternos, rakia, críos de mirada triste y franca, cargas y descargas de los dos camiones y de la UVI móvil que componían el convoy, jornadas de 12 y 14 horas, amenazas con revólveres, obligados sobornos en las aduanas, la desconfianza de los mayores, la siniestra ley de la montaña y esas dos petardas de TV3 acompañándonos en un tramo de la caravana y queriendo grabar una crónica a las cinco de la mañana, a pie de camión, cuando nos dirigíamos con la hora pegada al culo y resbalando por las carreteras heladas hacia el puerto de donde nuestro transbordador estaba a punto de zarpar.
Ya devuelta, en el buque de Grimaldi y con un Barça - Milan de Champions en juego, pensé que esos fulanos debían estar en su casa, zampándose unos tacos de queso con una cerveza mientras veían el partido. Con sus hijos y esposas, si es que éstas aún les aguantaban. Pero no, estaban allí embarcados. Sin afeitar, sucios y cansados. Pero felices al fin y al cabo, a pesar de saber (lucidamente) que no van a cambiar el mundo.
Fue en el convoy a Albania, al norte del país balcánico. Ya saben, reparto de ropa, de cuadernos para la escuela, de lápices, de juguetes y de instrumental sanitario en aldeas remotas y encorsetadas entre enormes montañas que se perdían en la niebla.
Embarcamos en Barcelona hasta Civitavecchia, en Roma. Cruzamos Italia sin la documentación de la carga (alguno de ellos la olvidó en la sede de la ONG en Barcelona) hasta llegar a Bari, donde recogimos los albaranes en una oficina perdida de DHL. Bari es hermosa. Al menos su casco antiguo, calles empedradas, recovecos, olor a orégano y pomodoro y ropa blanca colgada en los balcones.
Luego fueron diez días recorriendo pueblecitos en el norte de Albania. Carreteras sin asfaltar, acantilados, barcos oxidados navegando ríos eternos, rakia, críos de mirada triste y franca, cargas y descargas de los dos camiones y de la UVI móvil que componían el convoy, jornadas de 12 y 14 horas, amenazas con revólveres, obligados sobornos en las aduanas, la desconfianza de los mayores, la siniestra ley de la montaña y esas dos petardas de TV3 acompañándonos en un tramo de la caravana y queriendo grabar una crónica a las cinco de la mañana, a pie de camión, cuando nos dirigíamos con la hora pegada al culo y resbalando por las carreteras heladas hacia el puerto de donde nuestro transbordador estaba a punto de zarpar.
Ya devuelta, en el buque de Grimaldi y con un Barça - Milan de Champions en juego, pensé que esos fulanos debían estar en su casa, zampándose unos tacos de queso con una cerveza mientras veían el partido. Con sus hijos y esposas, si es que éstas aún les aguantaban. Pero no, estaban allí embarcados. Sin afeitar, sucios y cansados. Pero felices al fin y al cabo, a pesar de saber (lucidamente) que no van a cambiar el mundo.
martes, 15 de julio de 2008
domingo, 6 de julio de 2008
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