Jean Pierre, nuestro fixer, el tipo con más paciencia del mundo, aprovecha uno de los pocos tramos sin socavones en la pista para volverse a nosotros y comentarnos como quien te dice “hola buenos días”, que la zona por la que estamos circulando es uno de los últimos bastiones del FDLR, las Fuerzas Democráticas de Liberación de Ruanda, la guerrilla hutu ruandesa (cuyos fundadores fueron algunas de las cabezas pensantes del genocidio del 94 en el país vecino) que sigue activa en Congo, y que es un lugar poco recomendable, pero que tranquilos, muchachos, que ya casi estamos llegando a la mina, y todo eso.
De pronto escuchamos un serpenteo fuera y acto seguido un impacto seco en la parte posterior izquierda del coche, justo donde va sentado Guillem. Zzzzzzassss… Pac!!! A los que les han disparado alguna vez saben de lo que hablo. (Aprecie el lector la voluntaria e impagable “perezreverteada” que este cronista acaba de marcarse). No obstante, tras unos segundos de desconcierto (y de mucho acojone), descubrimos que por fortuna no había sido un disparo.
Pueden comprobarlo ustedes mismos.


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